Conducía mi apacible taxi por las calles de New York City. Cada tanto llevaba a alguna persona y le cobraba; o sea, hacía mi trabajo. Detengo el taxi a dos cuadras de McDonalds. Camino apresuradamente hacia el puesto de comidas rápidas. Alli compro una hamburguesa con una gaseosa, y vuelvo a mi taxi. Sin embargo, al tiempo que cierro la puerta del auto, un hombre se me acerca. Dejo la comida en la guantera y me lleva a uno de esos "sombríos" callejones.
-<Dame el maldito dinero.>- me dice, atolondradamente.
Lo miro, y observo que no tiene ningún tipo de arma.
-
<¿Por qué tendría?>-<Porque si no te voy a atravesar con aquel caño que tengo detrás.>
Suelto una carcajada. ¿Con aquel caño?
-
<No tendrías tiempo ni de agarrarlo.>-<¿A no? Observa.>
Cierra los ojos y el caño se eleva, hasta quedar a la altura de su cabeza. Me quedo estupefacto. Imposible. El tipo abre nuevamente los ojos y dice:
-<Ahora te lo enterraré en el estómago, por insolente, maldito idiota.>
Veo como lo que dice comienza a volverse realidad y me llega un ataque de pánico.
El caño cae al suelo, haciendo mucho ruido. El delincuente se queda mirando como tonto la situación, sin comprenderla. Yo tampoco. Cierra los ojos otra vez, pero el objeto de metal no se mueve. Una sonrisa se dibuja en mi cara. ¿Asi que ahora no tiene más truquitos de magia? Me agacho lo más rápido que me dan las piernas, levanto el caño y lo golpeó en sus partes íntimas. El hombre cae al suelo, doblado como un bicho bolita. Salgo corriendo hacia mi taxi, me subo y pongo rumbo a la otra zona de Manhatan. ¿Qué demonios sucedió allí?